Disociación y trastornos disociativos

La disociación o los trastornos disociativos tienen mayor relación que otros trastornos psicológicos con el trauma en la infancia, es decir, con situaciones de abuso (incesto y otros tipos de abuso sexual, físico o emocional) y de negligencia (abandono o descuido emocional y físico).

Algunos psicólogos consideran que la disociación, además de estar presente en un grupo específico de trastornos (los trastornos disociativos y otros relacionados con trauma) puede acompañar a casi todos los problemas psicológicos, influyendo sobre su respuesta al tratamiento y actuando como un factor de confusión en la realización del diagnóstico y la planificación de la terapia.

Según la Sociedad Internacional para el Estudio del Trauma y la Disociación (International Society for the Study of Trauma and Dissociation – ISSTD), el término disociación hace referencia a desconexión o falta de conexión entre elementos que habitualmente están asociados entre sí. La disociación puede afectar a la conciencia, a la memoria, a la identidad o a la percepción, que habitualmente suelen estar integradas.

DISOCIACION O trastornos disociativos

Algunos ejemplos de disociación pueden darse cuando:

  • La persona, tras vivir un acontecimiento traumático que le impactó gravemente, no tiene ningún sentimiento cuando piensa en ello. Esto se denomina “embotamiento emocional” y es una de las características principales del trastorno por estrés postraumático.
  • La persona tiene pensamientos, sentimientos o comportamientos que parecen salir “de la nada”, que no se viven como propios o que se experimentan como si fueran controlados por algo ajeno a uno mismo.
  • La persona se siente dominada por emociones que parecen no tener sentido en ese momento, por ejemplo, sentirse tremendamente triste o alegre sin razón aparente. Cuando esto ocurre el sentimiento suele desaparecer de la misma manera en que apareció.
  • La persona se encuentra haciendo algo que normalmente no haría, casi como si se viera forzado a hacerlo.
  • La persona tiene la experiencia de ser un “pasajero” en su propio cuerpo en lugar del “conductor”.

Síntomas disociativos:

Los síntomas disociativos se pueden clasificar en cinco grupos: amnesia, despersonalización, desrealización, confusión de identidad y alteración de identidad.

  • La amnesia disociativa:

    Tiene que ver con la imposibilidad de recordar información personal importante, sin que ésta se pueda atribuir a un olvido ordinario. Puede afectar a un acontecimiento importante de la vida de la persona, como por ejemplo el día de su boda, o a un periodo de tiempo que puede ir de minutos a años.

    También existen micro amnesias en las que no se recuerda por ejemplo, una discusión en la que se participó o se olvida de un momento a otro el contenido de una conversación.

    Pueden darse fugas disociativas y micro fugas, en ellas la persona puede irse de viaje o encontrarse en un lugar y de repente darse cuenta de que está desorientada y no sabe dónde está ni cómo llegó allí.

  • La despersonalización:

    Hace referencia a experiencias corporales, sentimientos de extrañeza o falta de familiaridad respecto al yo o al propio cuerpo. En ocasiones puede ser un síntoma leve y puntual, como les ocurre a muchas personas en momentos de ansiedad, sin embargo en otras situaciones puede convertirse en algo más serio e incapacitante.

    Algunos ejemplos de despersonalización son la sensación de no sentirse “conectado” al cuerpo, de no estar en el cuerpo, de observarse a uno mismo desde fuera, o de no reconocerse a uno mismo en el espejo. Otros ejemplos tienen que ver con sentirse desconectado de las propias emociones, sentir que se está viviendo como en un sueño, flotando, volando o dividido en dos personas. Además se puede experimentar la despersonalización como la sensación de que falta alguna parte del cuerpo o como la percepción de que algunas partes del cuerpo están cambiando de tamaño.

  • La desrealización:

    Tiene que ver con la percepción de extrañeza del entorno. Puede implicar la sensación de que lugares conocidos, como la propia casa o el lugar de trabajo, o personas conocidas, como familiares o amigos, son extraños, desconocidos o irreales.

    Las personas que tienen episodios de desrealización a veces describen el mundo como si se sintieran desconectadas de él, percibiéndolo como falso, lejano, como si lo observaran a través de una niebla o como si lo estuvieran viendo en una película.

  • La confusión de identidad:

    Se define como una sensación subjetiva de incertidumbre, perplejidad o conflicto sobre la propia identidad. La persona suele tener dificultades para saber cómo es realmente, qué quiere hacer o qué decisiones debe tomar.

    La confusión de identidad también puede darse en la adolescencia y en otros trastornos psicológicos, pero en estos casos se caracteriza más por la dificultad para encontrar un rol estable en la sociedad. La confusión de identidad disociativa suele ser más grave y afecta al núcleo de la identidad. En casos de trastorno de identidad disociativo (TID) a menudo se relaciona con personalidades en conflicto.

  • La alteración de identidad:

    Tiene que ver con la sensación de ser marcadamente diferente respecto de otra parte de sí mismo. La persona muestra comportamientos objetivos que indican que asume distintas identidades o estados del yo en determinados momentos.

    La persona puede referirse a sí misma con distintos nombres o en plural, puede darse cuenta de que posee una habilidad aprendida con la que no contaba, descubrir que tiene objetos que no es consciente de haber adquirido, puede ocurrir que otras personas le llamen por un nombre diferente al suyo o que le cuenten que ha estado actuando como una persona totalmente diferente.

Tratamiento de la sintomatología disociativa

Los síntomas disociativos aparecen como consecuencia de la ruptura o desconexión que se produce durante el trauma. El objetivo fundamental del tratamiento se centra en lograr la integración de los elementos disociados de modo que la persona consiga vivir de una forma más sana y adaptativa. Para ello se lleva a cabo un abordaje específico basado en la estabilización, que incluye psicoeducación, consolidación y/o desarrollo de recursos psicológicos, autocuidado y trabajo con las partes disociadas; el tratamiento del trauma y la integración final de la personalidad.